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Mostrando las entradas de 2009

To Ms. "O"

Quise, en la oscuridad, permitirle el vuelo a las palabras.
La luna, ausente, se cuela de a poco en mi pecho profundo por la nostalgia de otros tiempos.
Ignoro tus ojos, tu expresión al leerles, pero igual (me) escribo.

Duerme.

Palos de ciego

De a poco, entre cadenas
que el viento mueve a su paso
se desdibuja tu silueta
en cada bocanada.

Con múltiples rostros
te he soñado, hasta olvidar
los rasgos primigenios
de tu idea.

Allí, en el exiguo rincón
en que el hierro no corta
y la mano no alcanza
más que el mito.

Allí, aquí, donde el filo
de la cordura se desgasta
carcomido a pedazos
por el calendario.

Me dueles más que saberme
iluso mercachife de tristezas,
de sueños, de vapores,
de vagas ideas incompletas
que en mis delirios
alguien tacha de poemas...

Si Dios fuera una mujer

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

-Mario Benedetti (14/09/1920 - 17/05/2009)
Sit terra tibi levis
Harto de revivir a cada instantelas caricias de tus manos manos aguate exorciso de mi mente y me sorprendoinvocándote después sobre mi almohada
Con el humo del incienso mirra y orote hice ofrenda de mis venas los rosalesflorecieron nomeolvides en cada cortinadonde se posaban las negras alas de tus cejas
Te busco a cada instante y no me encuentrose me han perdido los ojos bajo la tardedígame usted si les ha visto lloran en tintalíneas que nunca riman más que sangre
Palpitas bajo mis sábanas cada nocherumoreas gotas de sudor alquitranadasquise atrapar tus labios se me escaparonhuyeron disfrazados de despedidas inolvidables
-JP
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.

Reminiscencias...

Ojalá supierastras el velo de lo que digola verdad de cuanto callo.Los infinitos sudores por la nochelas lágrimas, las letras, las canciones a capellay este maldito amor que a mechones arrancopara no verle crecer de nuevo.