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Entradas

Como dijo MacArthur... "¡Ya volví, raza!"

¡Cof! Ustedes... ¡cof!... habrán de disculpar el polvo acumulado. Hace ya un buen tiempo desde aquella lejana última vez que en me dediqué a hacer una revisión de este arrumbado rincón de la web. A quienes, a pesar de todo, han seguido esta página con la esperanza (ja, flaca esperanza debe ser ya) de ver algo nuevo o diferente a mis maquinales producciones pseudo-poéticas, les doy las gracias por su enorme y oriental paciencia. Pos weno... ahora resulta que ya casi se le acabó el gas a este 2007. Acá en México estrenamos presi este año (oficialmente fue en diciembre de 2006, pero sabemos que en diciembre nadie trabaja aquí). Irónicamente cambiamos a un Pantagruel semiescolarizado por un enanito bastante listo que, curiosamente, parece que nos la quiere dejar ir en grande... La democracia, por supuesto. No se me espanten, por favor, respetables cófrades de la vela perpetua. Las inundaciones parecen contradecir todas las predicciones de aquella bola de alarmistas que pregonan los daños...

Del tingo al tango

El día de ayer un fallo judicial -uno más en una larga cadena que se remonta a 1987- declaró a la nación mexicana (no al gobierno, sino a todos los mexicanos) propietaria legal de 39 obras de la pintora ibero-mexicana Remedios Varo. Esto, por desgracia, no quiere decir que aquellos que de verdad apreciamos la obra de esta poco conocida pintora podamos echar las campanas al vuelo. Los abogados de la señora Beatriz María Varo, sobrina de la artista, se han apresurado a interponer una apelación ante esta nueva resolución judicial. Doña Beatriz Varo argumenta que en México las obras de su genial tía no son debidamente apreciadas por los mexicanos, por lo que pretende llevárselas a suelo español, donde éstas podrán adornar su sala y pasar a manos de algunos museos y coleccionistas privados. Europeos, eso sí, y bien conoisseurs todos ellos .

Codiciada, prohibida...

Codiciada, prohibida, cercana estás, a un paso, hechicera. Te ofreces con los ojos al que pasa, al que te mira, madura, derramante, al que pide tu cuerpo como una tumba. Joven maligna, virgen, encendida, cerrada, te estoy viendo y amando, tu sangre alborotada, tu cabeza girando y ascendiendo, tu cuerpo horizontal sobre las uvas y el humo. Eres perfecta, deseada. Te amo a ti y a tu madre cuando estáis juntas. Ella es hermosa todavía y tiene lo que tú no sabes. No sé a quién prefiero cuando te arregla el vestido y te suelta para que busques el amor. -Jaime Sabines. ¡Feliz diciembre!
Este vivir de balde, sin derrotero, sin vientos alisios en las veletas. Este ir y venir como una ola sobre la escasa superficie de mi cordura. En este mudo vals no llevo el paso, se ha retirado ya el público, cansado de no llegar nunca a las funciones. -JP
No sé sobre qué horizonte vuelas hoy ni quién se refleja en tus pupilas o si la luna en calma ilumina tu sueño. Te fuiste. Huiste lejos de ti, de mí, de todos... ¿En busca de qué? ¿de quién? ¿a dónde? Diste vuelta a tu recuerdo y hoy no sé más de ti que de mi sombra al mediodía.

À ma mère

Larga ha sido ya la espera -apenas un grano de eternidad- desde tu partida... Siete son ya, desde mi ventana, los soles de otoño que han pasado; mas tu voz, clara como siempre, sigue llamándome cada mañana. Has de ver el alba, mariposa, en cada gota de rocío, en cada hoja, en el revoloteo de las alondras que, como tú, hoy remontan el vuelo.

La Poesía

Para escribir poemas, para ser un poeta de vida apasionada y romántica cuyos libros están en las manos de todos y de quien hacen libros y publican retratos los periódicos, es necesario decir las cosas que leo, esas del corazón, de la mujer y del paisaje, del amor fracasado y de la vida dolorosa, en versos perfectamente medidos, sin asonancias en el mismo verso, con metáforas nuevas y brillantes. La música del verso embriaga y si uno sabe referir rotundamente su inspiración arrancará las lágrimas del auditorio, le comunicará sus emociones recónditas y será coronado en certámenes y concursos. Yo puedo hacer versos perfectos, medirlos y evitar sus asonancias, poemas que conmuevan a quien los lea y que les hagan exclamar: "¡Que niño tan inteligente!" Yo les diré entonces que los he escrito desde que tenía once años: No he de decirles nunca que no he hecho sino darles la clase que he aprendido de todos los poetas. Tendré una habilidad de histrión para hacerles creer que me conmuev...