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Ven, une tu voz a mi vida.
Desterremos de una vez la sombra
insomne de la incertidumbre.
Llena de madreselvas mis ruinas,
hoy desiertas de poesía.

Lo ignoras, pero desde siglos
te he esperado, paciente,
en cuclillas junto a la orilla del tiempo.
Déjame que te fleche, suave cierva,
para amarte como odian los dolidos;
para elevarte como hacen los ascetas
con su fe de musgo desteñido.

Hoy se me ocurre que puedo atraparte,
hacerte mía con un deseo ferviente.
Mía, como aquella costilla que añoro
desde el lejano principio de mis tiempos
y que me duele siempre, en esta espera
cruel en que hoy dormito.

Y en tanto, tú vives, respiras, deambulas
por el mundo; haciendo tuyos lo árboles,
el pasto, la tarde...

¡Qué injusticia!

Comentarios

Anónimo dijo…
vaya q inspirado! no es para menos con tan impetuosa imagen! muy elocuenet poesía! =D

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Fantasmas

De vez en cuando, desde algún rincón oscuro de la memoria, nos asalta una idea, un dejo de otros tiempos que nos recuerda, así sea por apenas un segundo, lo que fuimos. Y entonces, como movidos por un impulso leve, casi apenas perceptible, nos inclinamos a recoger ese trozo de memoria en sepia en el que un rostro, un gesto, o un lugar nos transporta a otro tiempo, a otro yo que fue sin dejar de ser del todo. He aquí mis letras desteñidas por casi cinco años. Lejos de borrarlas, he decidido mantenerlas y aumentarlas para mí (quien sabe con qué fin). Si acaso las lees, ya elegirás qué hacer con ellas...
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No

René Magritte, Nostalgia del hogar No te extraño a ti no extraño la sombra que dibuja tu contorno la voz la música el abrazo tu suave figura entre mis brazos y el olor de tu pelo musgo de luna sombra orquídea pero no no te extraño a ti