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Cuentos mínimos




El rayo que cayó dos veces en el mismo sitio


Hubo una vez un rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

-Augusto Monterroso, Fábulas

Sueño #117: Naufragio

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. !Arriad el foque!, repite el segundo. !Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

-Ana María Shua, La Sueñera

La naparoia

Los pacientes atacados de naparoia sienten la extraña sensación de que nadie los persigue, ni está tratando de hacerles daño. Esta situación se agrava a medida que creen percibir que nadie habla de ellos a sus espaldas, ni tiene intenciones ocultas. El paciente de Naparoia finalmente advierte que nadie se ocupa de él en lo más mínimo, momento en el cual no se vuelve a saber de él, porque ni siquiera puede lograr que su siquiatra le preste atención.

-Luis Britto García, Nuevas Formas De Locura

Comentarios

Voz Ruda dijo…
:) gracias por la alegría.
Saludos
Blue
Pac Morshoil dijo…
El de la Shua es buenísimo. Maravillosa la manera en que sale del texto para dar la vuelta de tuerca a la verosimilitud. El extrañamiento que surge de ahí es genial, y no llega a ser efectista.

A ver pa cuando escribimos así =(

Ja.

Wen día.

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No

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Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella... -¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.

Cápsula existencial

Alguna vez te has puesto seriamente a pensar "¿para qué estoy aquí?". Todos nosotros somos la suma improbabilísima de un vasto universo de posibilidades; y henos aquí: ¿para qué? ¿Qué haremos con esta vida que se nos ha sido concedida? Gozamos de una libertad (sin meternos en relativismos filosóficos) que nos hace oscilar entre un Pito Pérez cualquiera o un Nelson Mandela. Tenemos el potencial para la cura del cáncer en igual medida que el de idear sistemas de exterminio genocida. Todos. Cualquiera de nosotros. ¿Pero qué empuja la balanza hacia un lado u otro? ¿qué es lo que le da sentido a nuestras vidas? ¿Por qué algunos pasamos por esta vida sin dejar mayor huella que la de nuestra respiración y otros erigen ideas rectoras de toda una visión de la realidad? Quid est? Ubi est?