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Permite que te sueñe una vez más
en las volutas efímeras de la noche.
Deja que en mi dintel se posen
las negras alas de tu frente
y para siempre el eco de tu risa
cascabeleando suave su alegría.

~JP

Comentarios

Gina Nordbrandt dijo…
No eh! voy a reportar este blog, como que poniendo desnudos? imágenes q ofenden mis ojos puros? no no eh, jajajaja.

(Y si te das cuenta rimó) Qué las rimas no me abandonan o que eh?

No te creas Jean, d hecho esa foto me gusta, se me hace creativa y padre.

Y tus letras tmb me gustan =) "deja que te sueñe..." ay... soñar soñar, qué sería de la vida sin los sueños... Ahora me dedicaré a soñar despierta, solo asi conservaré el trozo de esperanza que me queda.

Gracias x tu amistad y x tantas cosas.

Me alegra saberte feliz.

Te Quiero Mucho =)

Saludos saturnianos!

Xau!
Anónimo dijo…
=( Era broma lo que dije de la foto =( sbifff (si con b, es más intenso q con n de sniff) jajaja.
Ssludos saturnianos!

Te Quero!!!!

Besos y abrazos dulzozoz!
Du Rêve dijo…
jajaja, la verdad es que no fue cosa de censura, Dulcezilla, sino que a últimas me gustó más esta imagen para acompañar el poema. Cuestión de feeling, si quieres.
Gracias por seguirme y por pasarte por aquí.
Un abrazo.

-Jean

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Fantasmas

De vez en cuando, desde algún rincón oscuro de la memoria, nos asalta una idea, un dejo de otros tiempos que nos recuerda, así sea por apenas un segundo, lo que fuimos. Y entonces, como movidos por un impulso leve, casi apenas perceptible, nos inclinamos a recoger ese trozo de memoria en sepia en el que un rostro, un gesto, o un lugar nos transporta a otro tiempo, a otro yo que fue sin dejar de ser del todo. He aquí mis letras desteñidas por casi cinco años. Lejos de borrarlas, he decidido mantenerlas y aumentarlas para mí (quien sabe con qué fin). Si acaso las lees, ya elegirás qué hacer con ellas...
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella... -¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.

No

René Magritte, Nostalgia del hogar No te extraño a ti no extraño la sombra que dibuja tu contorno la voz la música el abrazo tu suave figura entre mis brazos y el olor de tu pelo musgo de luna sombra orquídea pero no no te extraño a ti