Ir al contenido principal


Paradoja blanca y negra;
extraviado por las noches
vengo de nuevo a tus brazos
sólo para caer en cuenta
de que tú lo ignoras.

Esta tarde huele a ti,
escribo con tu aroma
cosquilleándome la nariz
aunque no estés aquí
aunque no te quedes cerca.

Eres beso fugaz, apenas
una mirada devuelta en el espejo,
líquida, abundante y vaga
con sabor a sal de primavera
que no termina nunca de marcharse.

-JP

Comentarios

Anónimo dijo…
¡Jean Paul! Asu tenía un chorro que no venía por estos lugares... me alegra encontrar este escrito tuyo y que bonitas imágenes pones. Muchísimas gracias por todo, te mando buena vibra en tu trabajo y bueno si quieres darle clic en mi nombre para que veas nuevas cosas... un abrazote enorme.

Poesist

Entradas más populares de este blog

Fantasmas

De vez en cuando, desde algún rincón oscuro de la memoria, nos asalta una idea, un dejo de otros tiempos que nos recuerda, así sea por apenas un segundo, lo que fuimos. Y entonces, como movidos por un impulso leve, casi apenas perceptible, nos inclinamos a recoger ese trozo de memoria en sepia en el que un rostro, un gesto, o un lugar nos transporta a otro tiempo, a otro yo que fue sin dejar de ser del todo. He aquí mis letras desteñidas por casi cinco años. Lejos de borrarlas, he decidido mantenerlas y aumentarlas para mí (quien sabe con qué fin). Si acaso las lees, ya elegirás qué hacer con ellas...
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella... -¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.

No

René Magritte, Nostalgia del hogar No te extraño a ti no extraño la sombra que dibuja tu contorno la voz la música el abrazo tu suave figura entre mis brazos y el olor de tu pelo musgo de luna sombra orquídea pero no no te extraño a ti