Ir al contenido principal

Dicen, niña, por ahí
que de amores se mueren los poetas...
dicen, mi clara niña, que mueren
con el mirar perdido entre las nubes
y la pluma entre los dedos, aferrando
cada sílaba como padres tristes
que se niegan a abandonar a un hijo
flaco y maltrecho como sus corazones.
La verdad, niña, es que no mueren,
se marchitan tal vez, como las flores,
pero sus letras de tinta sangre vuelan
más allá de la vida, sobre el viento,
para narrarle a Dios historias dulces,
como los labios dulces de una madre.

Comentarios

Anónimo dijo…
Bellísimo!
Anónimo dijo…
Aaah Jean Paul, que hermoso y que tierno. Tan tu :) me habeis encantado con este poema. Se me hace tan dulce, la manera de tratar la inmortalidad y no se, lo que dices acerca de los poetas... Parece como un cuento, contado por un hombre a su mas grande amor, que hermosura.

Me alegra ver estos escritos tuyos :) me alegra leerte asi, aunque espero pronto hacerlo en vivo. Te quiero muchito! Se feliz, recuerda tantas cosas y se feliz! Muchos besos y abrazus! ^.~ Tschüß!



¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Que es poesía?, Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres TU.


From your imagination...
Josephine
Anónimo dijo…
"Dicen, niña, por ahí
que de amores mueren los poetas..."

Muere el hombre/la mujer, nace el mito perdurable;; la poesía -la Literatura, el Arte, en general- hace perenne a quien, en cualquier época, se aventuró a compartir -no importan los motivos- su espíritu creativo.

Un saludo.

Entradas más populares de este blog

Fantasmas

De vez en cuando, desde algún rincón oscuro de la memoria, nos asalta una idea, un dejo de otros tiempos que nos recuerda, así sea por apenas un segundo, lo que fuimos. Y entonces, como movidos por un impulso leve, casi apenas perceptible, nos inclinamos a recoger ese trozo de memoria en sepia en el que un rostro, un gesto, o un lugar nos transporta a otro tiempo, a otro yo que fue sin dejar de ser del todo. He aquí mis letras desteñidas por casi cinco años. Lejos de borrarlas, he decidido mantenerlas y aumentarlas para mí (quien sabe con qué fin). Si acaso las lees, ya elegirás qué hacer con ellas...
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella... -¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.

No

René Magritte, Nostalgia del hogar No te extraño a ti no extraño la sombra que dibuja tu contorno la voz la música el abrazo tu suave figura entre mis brazos y el olor de tu pelo musgo de luna sombra orquídea pero no no te extraño a ti