viernes, 25 de enero de 2013

Fantasmas

De vez en cuando, desde algún rincón oscuro de la memoria, nos asalta una idea, un dejo de otros tiempos que nos recuerda, así sea por apenas un segundo, lo que fuimos. Y entonces, como movidos por un impulso leve, casi apenas perceptible, nos inclinamos a recoger ese trozo de memoria en sepia en el que un rostro, un gesto, o un lugar nos transporta a otro tiempo, a otro yo que fue sin dejar de ser del todo. He aquí mis letras desteñidas por casi cinco años. Lejos de borrarlas, he decidido mantenerlas y aumentarlas para mí (quien sabe con qué fin). Si acaso las lees, ya elegirás qué hacer con ellas...

jueves, 27 de agosto de 2009

To Ms. "O"

Quise, en la oscuridad, permitirle el vuelo a las palabras.
La luna, ausente, se cuela de a poco en mi pecho profundo por la nostalgia de otros tiempos.
Ignoro tus ojos, tu expresión al leerles, pero igual (me) escribo.

Duerme.

martes, 26 de mayo de 2009

Palos de ciego

De a poco, entre cadenas
que el viento mueve a su paso
se desdibuja tu silueta
en cada bocanada.

Con múltiples rostros
te he soñado, hasta olvidar
los rasgos primigenios
de tu idea.

Allí, en el exiguo rincón
en que el hierro no corta
y la mano no alcanza
más que el mito.

Allí, aquí, donde el filo
de la cordura se desgasta
carcomido a pedazos
por el calendario.

Me dueles más que saberme
iluso mercachife de tristezas,
de sueños, de vapores,
de vagas ideas incompletas
que en mis delirios
alguien tacha de poemas...

domingo, 17 de mayo de 2009

Si Dios fuera una mujer



¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

-Mario Benedetti (14/09/1920 - 17/05/2009)
Sit terra tibi levis

sábado, 9 de mayo de 2009

Otra día más,
otro viernes
con el teléfono marchito
al borde de mí mismo

martes, 5 de mayo de 2009

Harto de revivir a cada instante

las caricias de tus manos manos agua

te exorciso de mi mente y me sorprendo

invocándote después sobre mi almohada


Con el humo del incienso mirra y oro

te hice ofrenda de mis venas los rosales

florecieron nomeolvides en cada cortina

donde se posaban las negras alas de tus cejas


Te busco a cada instante y no me encuentro

se me han perdido los ojos bajo la tarde

dígame usted si les ha visto lloran en tinta

líneas que nunca riman más que sangre


Palpitas bajo mis sábanas cada noche

rumoreas gotas de sudor alquitranadas

quise atrapar tus labios se me escaparon

huyeron disfrazados de despedidas inolvidables


-JP

viernes, 6 de marzo de 2009

Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.

sábado, 3 de enero de 2009

Reminiscencias...



Ojalá supieras

tras el velo de lo que digo

la verdad de cuanto callo.

Los infinitos sudores por la noche

las lágrimas, las letras,

las canciones a capella

y este maldito amor

que a mechones arranco

para no verle crecer de nuevo.


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