Ir al contenido principal



Carne que, ardiente,
hiere
desde el recóndito
cajón de mis recuerdos.

Higo maduro,
miel, terciopelo
que una mano tímida
no alcanzó jamás
y que hoy llora
la sombra inminente
del perfil de la memoria.

Me duelo de ti y de mí;
de mi impotencia
del amor hallado muerto
al pie de tu escalera infinita...

-JP

Imagen: Auguste Rodin, El Beso

Comentarios

elisita dijo…
Pero su escalera, será realmente infinita?
D' Gaviota dijo…
Te extraño, de verdad te extraño, espero que estés bien, me dieron un premio en mi blog, que quiero compartir contigo, espero que pases a visitarme y recojas tu premio, xq t lo mereces, en realidad.

Gracias x estar siempre de alguna forma, cerca de mí.

Te quiero!!!

Besos de chocolate!

=)

Espero que todo marche bien.

Entradas más populares de este blog

Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.