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A la Muerte de Lorca (...).


Ya suenan, de dos en fondo
los tacones y las velas
se convirtieron en flores
para que todos las vieran.

La ciudad de los gitanos,
de castañuelas y brevas
desparrama por el aire
risas de carne morena.

Negra cabellera al aire,
manos que trazan estrellas.
Rosa, la de los Camborios,
baila de nuevo en la tierra.

Como en sueño, por las duelas,
muerte gitana resuena.
Un abanico de nardos
por el aire señorea.

¡Ay, Federico García,
lágrimas pueblan las mesas
donde mueres esta noche
noche que noche nochera!


A Luna, Lobo y Pato, en una noche Xalapeña.

-JP

Comentarios

protaro dijo…
que bueno que no abandones este espacio... siguele escribiendo aquí saludos.
Hermosas palabras de hermoso poeta!

Te envio saludos. Ya no he sabido más de ti; espero que te encuentres bien, que la vida te esté sonriendo.


Te vojo bene assaje....
Hermoso poema de hermoso poeta!

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.