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To Ms. "O"

Quise, en la oscuridad, permitirle el vuelo a las palabras.
La luna, ausente, se cuela de a poco en mi pecho profundo por la nostalgia de otros tiempos.
Ignoro tus ojos, tu expresión al leerles, pero igual (me) escribo.

Duerme.

Comentarios

Brunilda dijo…
Me queda sonando la frasecita de tu blog, lo de las islas y naufragar, básicamente porque yo le he hecho la discusión política, pero no se me había ocurrido una versión poética. Lindo blog.
PoesisT dijo…
Bueno el tiempo ha pasado, casí 6 meses si no es que más (ahorita no quiero calcular ni medir el tiempo) y usted no se ha dignado a escribir nada por aca. Venga que nos tiene muy abandonados a sus lectores asiduos y que aún tenemos esa lucecita en nuestros corazones de volver a leer tus bellas letras. Espero pongas alguno de los poemas que publicaste en fb o mejor aún, uno que escribiste para mi cumpleaños 19, lo recuerdas? Lo escribiste en La Caverna y como todo lo bueno que trajo ese grupo, se ha desvanecido y me duele mucho :( Espero puedas rescatarlo.

Alguien que te adora,
-P.
D' Gaviota dijo…
Te extraño Jean, dónde te escondes? entre que mundos andas brincando y viviendo? adónde te fuiste eh?
Espero que te encuentres muy bien, de vdd añoro platicar contigo, saber de ti. Supongo que el trabajo te mantiene agobiado, pero espero que en algún momento de descanso podamos charlar.
Te Quiero Mucho niño!
Saludos saturnianos!
Ten una bellísima semana!
=)

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.