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En la vertiginosa cabalgata
de la vida
me dejé olvidado el corazón


Comentarios

PoesisT dijo…
Pues vaya y recojalo! Ah que mi niño Jean Paul, tan olvidadizo! Nein nein nein! Ich vermisse dich! Es uste un despistado... pero bueno lo comprendo, yo soy igual ejeje ^.^U en fin, aun asi... espero que no deje ahi abandonado su corazoncito y vaya por el, por que en la vida se necesita un corazon, no puede ser usted un alma descorazonada, caminando vivo pero vacio por dentro. No dejare que eso pase! Aqui estoy contigo... no lo olvides :D y te quiero mucho! Auf wiederlesen :) Ich liebe dich, mein Kind! Herzlichen Dank! ^.~

mit liebe...
deine kleine Blume
Josephine
pipa dijo…
Hola que tal mister JP, una pequeña Josephine, me ha comentado sobre esta página y cuál ha sido mi sorpresa al encontrar bellas fotos y muchos vínculos a galerías.

Están lindisimas las fotos de votre chaton!!! jijiji bueno, aunque ya se ve adulto. Publica más de este tipo!

gracias!! -pipa. //fuma espinacas

PD. de quién es la última pintrura (acuarela?)? disculpad la ignorancia

Ahora devuelvo el favor a mi amiga Jos...


////el banco de Bujumbura te contacta, esto no es un chiste:

hola! soy tarzán y tengo como 3millones de dólares en plátanos, haz clic aqui para saber cómo los puedo transferir a tu cuenta:

Adventures im wonderland


si comentas constructivamente, te deposito a "Chita" el mono tmb. (ah y a mi gato llamado "Chimpancé")

Entradas más populares de este blog

Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.