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À ma mère


Larga ha sido ya la espera
-apenas un grano de eternidad-
desde tu partida...

Siete son ya, desde mi ventana,
los soles de otoño que han pasado;
mas tu voz, clara como siempre,
sigue llamándome cada mañana.

Has de ver el alba, mariposa,
en cada gota de rocío, en cada hoja,
en el revoloteo de las alondras
que, como tú, hoy remontan el vuelo.

Comentarios

Anónimo dijo…
¿dónde estas?...
Gina Nordbrandt dijo…
Fue dificil, pero regresé Yan... no podía ausentarme tanto tiempo del mundo de las letras.
http://elcieloperdidodegaviota.blogspot.com
Besos azucarados y abrazos de chocolate.
TQM=)
Y te echo muchisimo de menos. =(
Gina Nordbrandt dijo…
Hola Yan, pasaba por aquí y me entristeció no ver nada nuevo, espero que estés bien y que tu papá esté mejorando, te mando muchos besos de caramelo, siempre pensando en ti y extrañándote.
Te Quiero!!!!
Saluditos saturnianos!
y besos de caramelo: Muaks!!!

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Te encontré anoche, desprevenida. Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz. ¿Pero, dormías? El que dormía era yo, ignorante de la sensación tibia, de recién nacido que hay entre tus labios. Ahora busco en cada mirada, esperando despertar dentro de tu sueño.

No

René Magritte, Nostalgia del hogar No te extraño a ti no extraño la sombra que dibuja tu contorno la voz la música el abrazo tu suave figura entre mis brazos y el olor de tu pelo musgo de luna sombra orquídea pero no no te extraño a ti
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella... -¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.