Ir al contenido principal

Vivaldi


Me refugio entre las claras notas que manan de un violín etéreo. Cierro los ojos y aspiro la fragancia de hojas amarillas y lluvia. Me torno cometa a merced de la brisa, ora suave, ora punzante como carámbanos de invierno. Reclinado contra el tronco de un árbol imaginario, soy ave, fuente, aire, todo...

Comentarios

Mae dijo…
=) Qué lindo escrito!
Saludos!
PoesisT dijo…
La vida es una sinfonía romántica, con notas estridentes, alegres y también relajadas. Oh querido cometa, el viento soplará y te llevará a no sé donde, te me fuiste, pero en tí dejé un deseo y un sueño que va contigo, mi corazón está en el tuyo. Estrella mía, que alumbras mi oscuridad, sigue brillando, la luz te guiara... llévame a ella.

Gracias por ese cariño especial, lo siento profundamente en mí. Y yo también te quiero mucho, mucho, mucho! Nunca hay que olvidarnos de esto, pues habrá tiempos en los que sera nuestra única fuerza, no hay que abandonarla. Te dejo un beso (bueno muchos), una perla, una pluma y una flor. Y también muchos abrazos de osita polar!

-Luna

Entradas más populares de este blog

Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.