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De vuelta a las andadas...

Ebbene, después de ponerme a buscar un rato posibles soluciones para re-crear las galerías de arte que perdí con mi página de msn, me alegro de anunciar a mis escasos pero buenos lectores que éstas estarán disponibles una vez más, ahora alojadas en flickr.com. Como bien pueden imaginar, volver a subir las chorrocientas imágenes que conformaban el total de las más de cuarenta galerías que fui armando a lo largo de más de un año me va a tomar tiempo, pero poco a poco éstas irán apareciendo. Por el momento pueden visitar las dedicadas a Remedios Varo (sí, saben que no podía faltar) y a Miguel Angel. Próximamente estarán disponibles las de Picasso, Dalí y Tolouse-Lautrec. Como siempre, sus sugerencias para la inclusión de nuevas galerías o sus contribuciones con imágenes son bienvenidas (también se aceptan cheques, transferencias bancarias, joyas y demás donaciones en especie).

~JP

Comentarios

Gaviota dijo…
Se pueden donar besos y abrazos?
Si se puede???

Te deseo mucho éxito con la reconstrucción de tus galerías, me sigue dando coraje, vierase más injusticia en este mundo, hasta en el mundo virtual hay injusticias, ya ven, buen ejemplo a quienes desean un mundo conductista o lleno de máquinas eh.

=)

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.