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Gitana y Arlequín


Gitana y Arlequín, originally uploaded by jeanpca.

¡Saludos!
Me he dado a la tarea de ir reconstruyendo aquellas galerías que me borraron en el ahora difunto "Through The Looking-Glass". Para quienes deseen acceder a las imágenes que poco a poco vaya subiendo, pueden encontrarlas en mi cuenta de Flickr.com. Aquí les dejo una imagen de las primeras etapas de mi querida Remedios Varo. Enjoy!

Comentarios

Gina Nordbrandt dijo…
Hola mi querido Yan Pol, qué lastima eso de los msn, me choca, me sigue dando coraje, esta ha sido la época de los corajes y las desilusiones.
Pero tengo una ilusión, tu, eres mi amigo y me acompañas.
Gracias! (aunque digas que no tengo nada que agradecer)
Te Quiero! =)
Anónimo dijo…
Supe de ti por casualidad. 'Ta bien que decidas hacer esta nuevo blog que contará con mi fantasmagórica e intermitente presencia. Lástima por tu espacio. Pero hay que sacarle algo a las cosas malas; dicen por ahí.

Atte
La Aprendiz de Bruja
[Cava más abajo, más, más... ¡más!]

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Te encontré anoche, desprevenida. Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz. ¿Pero, dormías? El que dormía era yo, ignorante de la sensación tibia, de recién nacido que hay entre tus labios. Ahora busco en cada mirada, esperando despertar dentro de tu sueño.

No

René Magritte, Nostalgia del hogar No te extraño a ti no extraño la sombra que dibuja tu contorno la voz la música el abrazo tu suave figura entre mis brazos y el olor de tu pelo musgo de luna sombra orquídea pero no no te extraño a ti
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella... -¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.