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A mi abuela

Brindo por ti,
por las horas de gracia
que en lenta procesión
se sucedieron al final.

Por la nota disonante
aunque profunda que
con tu última sonrisa
me obsequiaste.

Por tus besos, tus regaños;
por ser tierra fértil
en que se afianzaron
mis raíces y de donde
nutren su savia mi voz,
mi letra y mi canto.

Brindo, no por aquella
que fuiste al final,
brindo a tu vida,
al principio motor
de tu existencia,
a tu fuerza inigualable
de escollera, refugio
constante de fe,
de amor y dignidad.

Brindo por ti,
mi viejecita...

~JP

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Te encontré anoche, desprevenida.
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¿Pero, dormías?
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Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.

Hoy: Cosas que a lo mejor le pasaron a Picasso

Si Dios fuera una mujer

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

-Mario Benedetti (14/09/1920 - 17/05/2009)
Sit terra tibi levis