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Sé bien lo que duele la distancia
el olor a olvido la nostalgia
el sabor de la ausencia obligatoria
atenuada por destellos momentáneos
de la memoria que se aferra
que muerde y quema
que no deja escapar la luz
de entre sus hojas
trayendo de nuevo a la vida
a nuestra vida
las alas
las miradas
las mejillas...

~JP

Comentarios

Gaviota dijo…
Y sé bien lo que alegra el reencuentro entre las almas que se añoraban.

=)

Te mando muchos besos azucarados y abrazos chocolatosos!!!

TQM.

Saludos saturnianos!

Te extrañé...=( y pasaron un capitulo de eventos pasados en Grey, así que ni valió verla, en fin...
KaReLy* dijo…
hola! me gustó bastante tu blog, fue una refrescante zambullida a mi lado un tanto impresionista.

y que seas de Xalapa, mucho más! ;)

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.