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Ínfima porción de tu aliento soy, Señor;
humilde diente de león que en un instante
en blancas esperanzas deshiciera
el soplo más adverso de los vientos.

Mas no...

Heme aquí, erguido, vivo, escribiente,
atestiguando el diario milagro de la noche,
de los grillos, la luna y las palabras
que de a gotas surgen por mis dedos.

Gracias.

~Jean

Comentarios

blue dijo…
Gotas de beneplácito para los que te leemos.:)
Saludos!
Gaviota dijo…
Y me da gusto hallarte escribiente, vivo, de pie, a pesar de que los vientos soplen y te quieran derribar.
Porque el Jean Paul vivo, escribiente, luchador, es el Yan que yo conozco!

Te Quiero Mucho.

Nunca lo dudes, nunca lo olvides, te debo tantas cosas... en verdad.

=)
Anónimo dijo…
Después de leer esto, no puedo más que suspirar profundamente... Te recuerdo mucho, es una maravilla la sensibilidad que puede haber en las personas y que lo puedas transmitir tan bien, me encanta. Recibid un abrazo de mi parte. ¡Te quiero Jean Paul!

Sinceramente,
You-know-who

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.