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Versos profanos

Gustav Klimt: Satisfacción


Toma mi carne:
ardiente sacrificio
que en tus aras perfumadas
deposito incesante.

Noche de dríadas,
de faustos broncíneos
calientes y animales
como mis actos.

Profano tu templo,
desgarro el velo terso
de tus arcas profundas
con besos criminales.

Y cuando llegue el alba
ay, dulce vestal mía,
en polvo de oro tornarán
tu seno y tu recuerdo.

Comentarios

Cristina dijo…
Ya extrañaba tus versos, no importa si son profanos o santos, disfruto mucho leerlos.
Saludos veraniegos!
Blue

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.