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Canción de Otoño


Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.

-Paul Verlaine

(Traducción de Carlos Fujol)

Comentarios

Josephine dijo…
Aah, Verlaine, hermosos los versos! Me gustaria ver la version original y entenderla :( pero bueno, algun dia jeje, por lo pronto, estoy trabajando en entender a otras personas. Debo confesarte que aunque me gusta Verlaine, mi amor secreto es Rimbaud... pero en fin!

Interesante la nueva cancion, extrañe a Bach, pero siempre es bueno escuchar cosas nuevas. Tu me presentaste al Sr. Sabina y me cayo bien jeje... yo no quiero un amor ordinario, eso es lo que yo no quiero... En otras cosas, te habeis perdido del nacimiento del color en mi, mi estimadisimo Jean Paul, ojala nos encontremos pronto para que me veas :) por lo pronto, te dejare un regalito en tu mail ;) checalo y me dices que tal... pero las fotos coloridas te las dejo para despues, cuando el destino feliz nos reecuentre :) y los pajaritos canten de nuevo, y tu y yo sonriamos otra vez al volver a platicar y compartir nuestros momentos, que lindura jiji.

Me retiro, espero verle pronto :( y bueno recuerde que aqui esta este poemita flotante lleno de amor escrito por autor anonimo que lo quiere mucho. Te mando muchos besos y abrazos! Se feliz! Espero que este trabajando ;) si se acuerda de lo que le digo :) muchos besooos!

Always yours,
Choco-gold Josephine
Rodrigo dijo…
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
Blue dijo…
Con este poema y la canción de Sabina, ahora si que es octubre en pleno julio! y ni quien se acuerde de la luna..
Saludos :)

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.