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Décimas a mi vida

Como el antiguo artesano
al fuego templa una hoja
así en la llama roja
se van templando mis manos.
Yo te digo así, mi hermano,
me pesan mucho estas cuitas
pues son como piedrecitas
que van llenando una bolsa;
no hay quien aguante tal cosa
ni quien su peso resista.

Quiero sentir venturoso
las alegrías de mi vida
ya no más rima sentida
ni cantares rencorosos.
Quiero caminos polvosos
por donde vaya mi yunta
y no ver nunca la punta
de la senda que recorra
¡y que se vaya a la porra
la muerte con sus preguntas!

Comentarios

petit Josephine dijo…
Ah, que alegria recibir sus textos nuevos! Me encantan esos versos suyos, me encanta, los siento llenos de deseo por vivir plenamente, disfrutar de tener nada y ser todo! Que alegria y que dicha! Me alegra encontrarte asi, tan lindo y lleno de optimismo y ganas! :) Ya veras, que los caminos seguiran! Herzlich en Dank für Alles! Auf wiederlesen! Ich liebe dich!! Küßchen!!

mit Liebe
das Püppchen, Josephine!
^.~
protaro dijo…
he's back!!!


genial... sigue así, hermano... tal vez ahora que sea yo inquilino de los hermanos P. tal vez nos veamos un poco mas seguido.

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Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
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de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.

Hoy: Cosas que a lo mejor le pasaron a Picasso

Si Dios fuera una mujer

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

-Mario Benedetti (14/09/1920 - 17/05/2009)
Sit terra tibi levis