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Gustav Klimt: El Beso

Gustav Klimt, El Beso, 1907

Una de las obras más representativas de Klimt y del Art Noveau vienés, "El Beso" ha sido desde su creación uno de los símbolos del amor con más fuerza en la historia del arte pictórico. La sutileza del momento contrasta con lo llamativo de la indumentaria de los personajes. La mujer se entrega completamente ante el beso tierno, aunque decidido, de su amante. De éste último no podemos apreciar el rostro, pero la inclinación de su cabeza nos da la sensación de un arrobamiento total en preparación para el beso que está a punto de ocurrir. Es de notar también la manera en que sostiene con fragilidad el rostro de la mujer, quien parece casi como en una especie de rapto extático. Es como si Klimt hubiese querido congelar intencionalmente el momento justo antes de que tenga lugar el beso, logrando así un impacto mayor en el espectador. Se trata, a mi parecer, de una obra formidable.
Hasta la próxima.

-Jean P.

Comentarios

Lady Morgana dijo…
Que qué? Cuál fue la mente medieval que te cerró el space? Ya sabes, son gente hipócrita, que seguro tienen pornografía asquerosa y que no es artística en sus computadoras, pero tienen que mantener "la imagen pura y recta" (jajajajajaja, y léase con profundo sarcasmo) de la red. No sabes qué coraje me da, en serio, no era justo privarnos de tu space, pero, ni hablar, te seguiremos a donde vayas. Siempre contigo! ánimo, mucho ánimo, y muchos saludos a Bianca y a Susy.

Con affetto, Marinella.
Du Rêve dijo…
Gracias, Principessa, por seguir conmigo a través del tiempo, las mudanzas e, incluso, a veces a pesar de las dificultades de la propia vida. Eres de esa clase de personas especiales cuyos exponentes se cuentan con los dedos de una mano.
TVB.

-Jean

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Hoy: Cosas que a lo mejor le pasaron a Picasso

Si Dios fuera una mujer

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
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Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
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su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

-Mario Benedetti (14/09/1920 - 17/05/2009)
Sit terra tibi levis