Ir al contenido principal

Sophía

¿Qué será
del misterioso éter,
de aquel secreto imán?
Como los sabios de antaño
me he dejado los ojos,
las manos, las pestañas,
todo en su busca.
Mas no,
no me es dado.
Se me oculta su voz
tras las montañas, y grito
y le persigo insistente,
pisando siempre sus huellas
húmedas de sirena.
Me siento en una roca
y lloro
y maldigo.
Como Moisés, ¿he sido condenado
a morir sin pisar mi tierra prometida?

-JP

Comentarios

Lady Morgana dijo…
Terra Promessa! Oops, este poema me recordó esa canción, jeje, pero este poema me llamó la atención porque se parece mucho a mis pensamientos, tal parece que lo escribí yo, en serio! Eres genial.

Rayos, no pude ir al ballet. Te iba a contar de ello, pero mi tía se enfermó y ni hablar, como que los espectáculos me están vedados,no?? Jajajaja, qué cosas, ni hablar.

111 baci x te.

Entradas más populares de este blog

Te encontré anoche, desprevenida.
Dormías acurrucada bajo una mirada fugaz.
¿Pero, dormías?
El que dormía era yo,
ignorante de la sensación tibia,
de recién nacido que hay entre tus labios.
Ahora busco en cada mirada,
esperando despertar dentro de tu sueño.
Edvard Munch, Muchacha Por La Mañana, 1884
Despacio, Alberto fué quitándole una a una las prendas. Una hilera de luces tenues color ámbar iluminaba el lugar, ahora oculto a las miradas de la gente, mientras aquella silueta iba quedando despojada de sus ropas. Sus manos, diligentes, desabrochaban con cuidado los botones de la blusa uno a uno hasta dejar a la vista aquella piel de tono perfecto. Cuando hubo terminado con la última prenda, retrocedió unos pasos y contempló en silencio el resultado. Cerró los ojos y barajó la infinidad de posibilidades que ahora se mostraban frente a él, sin saber por dónde comenzar. Finalmente abrió los ojos, suspiró y, sonriendo, avanzó hacia ella...

-¡Alberto, carajo! Si no terminas de una vez de vestir a ese maldito maniquí te voy a dejar encerrado en la tienda y a ver quién te saca.